El orgullo sobre ruedas: ¿Por qué nos olvidamos del fileteado porteño?

Hoy en QueDatazo nos ponemos nostálgicos pero con fundamentos. En tiempos de pantallas LED y carteles de lona impresos en cinco minutos, miramos hacia atrás para rescatar un oficio que es puro ADN argentino: el fileteado.

Nacido a principios del siglo XX en los talleres de carros de tracción a sangre (en las manos de inmigrantes italianos como Vicente Brunetti o Salvador Ventitti), esta técnica pasó de ser un simple adorno a convertirse en el primer diseño gráfico con identidad nacional.

Tres datos que tenés que saber sobre este patrimonio

  • Es Patrimonio Inmueble de la Humanidad: En diciembre de 2015, la UNESCO lo declaró Patrimonio Cultural Inmaterial. No es «vandalismo» ni «grasa»; es arte reconocido a nivel mundial.
  • Las reglas de oro del estilo: Un verdadero fileteado no improvisa. Tiene leyes estrictas que se heredan de maestro a aprendiz: el uso de la simetría, la perspectiva fingida (que da volumen), las líneas espiraladas (volutas), las flores (principalmente los acantos) y las frases repletas de la típica picardía criolla o sabiduría popular.
  • Un oficio en peligro de extinción: Quedan muy pocos talleres tradicionales. El cambio en las normativas de transporte urbano en los años 70 (que prohibió el fileteado en colectivos por «distraer a los conductores») hirió de muerte la salida laboral masiva de los viejos letristas.

El «Datazo» de hoy: El color característico y brillante del fileteado original no se lograba con cualquier pintura. Se usaba (y se sigue usando por los puristas) el esmalte sintético común combinado con óleo de linaza, aplicado con pinceles de pelo de oreja de buey, los únicos capaces de retener la pintura lo suficiente para trazar las líneas largas y perfectas que caracterizan al estilo.

Volver a las fuentes

Las cosas bien hechas llevan tiempo. Un cartel digital se borra con un botón; un fileteado hecho a mano por un maestro letrista condensa horas de oficio, pulso de cirujano y una tradición que se resiste a morir en las esquinas de Buenos Aires.

Si cruzás uno hoy en la calle, pará un segundo y miralo bien. Ahí hay historia de la de antes.

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