Un 26 de diciembre, pero de 2013, el humor argentino se quedaba un poco más huérfano. Fallecía Julio Victorio De Rissio, mejor conocido como el Doctor Tangalanga. Para los que peinamos algunas canas o nos juntamos con amigos de toda la vida, su nombre es sinónimo de carcajadas grabadas en cintas de TDK.


De la solidaridad al estrellato accidental
Lo que pocos saben es que el Doctor no empezó buscando la fama. Todo nació como un acto de amor y compañerismo: empezó a grabar bromas telefónicas para animar a un amigo que estaba muy enfermo (Sixto). Ese gesto, bien de barrio y de lealtad, terminó convirtiéndose en un fenómeno cultural que circulaba de forma «pirata» mucho antes de que existiera internet.
¿Por qué nos sigue marcando?
En una época donde todo parece estar guionado, el humor de Tangalanga era puro oficio y rapidez.
- La educación ante todo: Empezaba siempre con un «buen día, caballero» o «hablo con la casa de…», manteniendo una formalidad casi elegante que hacía que el remate (cuando la paciencia del otro se agotaba) fuera doblemente efectivo.
- Cultura del absurdo: Lograba que la gente discutiera sobre los temas más insólitos (un techo que gotea, un perro que ladra, un zapato mal arreglado) con una seriedad que desarmaba a cualquiera.
- Identidad porteña: Representaba ese «picante» nuestro, la viveza criolla bien entendida, sin maldad profunda, pero con una lengua filosa que no perdonaba la falta de respeto.
El datazo de hoy
A pesar de su lenguaje a veces fuerte, figuras de la talla de Luis Alberto Spinetta eran fanáticos declarados de su obra. El Flaco llegó a decir que Tangalanga era un «maestro de la improvisación», comparando su ritmo al hablar con la estructura de un solo de jazz.
Hoy, en la era de los trolls y los memes rápidos, recordar al Doctor es valorar el peso de la palabra y la capacidad de sacarle una sonrisa a alguien que la está pasando mal. Porque al final del día, la cultura también es eso: lo que compartimos con amigos para que la vida sea un poco más liviana.
El Clásico para volver a escuchar
Si querés recordar (o descubrir) cómo era su magia, te dejamos uno de sus llamados más icónicos: «El Techista» (Tano Nicola). Fijate cómo pasa de reclamar un trabajo inexistente a sacar de las casillas al pobre hombre en tiempo récord.



