El argentino que le ganó a Walt Disney: la historia del primer largometraje animado del mundo

Si te preguntan cuál fue la primera película animada de la historia, lo más probable es que pienses en Blancanieves (1937). Pero la realidad es otra, y tiene sello nacional. Veinte años antes de que Hollywood marcara la cancha, en Buenos Aires se estrenó una obra que cambió el cine para siempre.

El pionero del cartón recortado En 1917, Quirino Cristiani, un joven dibujante ítalo-argentino, estrenó El Apóstol. Fiel al estilo directo de la época, no era un cuento de hadas infantil, sino una sátira política muy ácida sobre el presidente Hipólito Yrigoyen.

Para lograrlo, Cristiani no tenía computadoras ni grandes estudios. Subía a la terraza de su casa para aprovechar la luz del sol y usaba una técnica de recortes de cartón articulados, moviéndolos milímetro a milímetro frente a la cámara.

Los números de una obra titánica

  • Duración: 70 minutos exactos, algo nunca visto hasta ese momento.
  • Cuadros: Se diseñaron y fotografiaron 58.000 recortes distintos a mano.
  • Estreno: Fue un éxito rotundo en los cines porteños y se mantuvo en cartelera durante meses.

El final trágico y el «no» a Disney Lamentablemente, el material de las cintas antiguas era celuloide puro, altamente inflamable. En 1926, un incendio en los estudios del productor destruyó las únicas copias de la película, convirtiéndola en el «santo grial» perdido del cine mundial.

El Datazo: Cuando Walt Disney visitó Argentina en 1941, quedó fascinado con el talento de Cristiani y le ofreció un contrato para irse a trabajar a Estados Unidos. Fiel a su pragmatismo y valorando lo que había construido en su tierra, el argentino lo rechazó: prefirió quedarse administrando su propio laboratorio de revelado en Buenos Aires porque le daba independencia económica y tranquilidad.

La historia grande de la animación no empezó en California, sino en una azotea porteña, trabajando de sol a sol y haciendo las cosas con las manos.

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