En Argentina, la educación no es solo un trámite; es el cimiento de lo que somos. Hoy, 11 de febrero, el calendario nos marca una fecha importante: el Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia. Pero para entender dónde estamos parados, hay que mirar un poco hacia atrás, a esa educación tradicional que nos formó y que hoy se proyecta al futuro.


Un legado que se respeta
Nuestra escuela pública nació con la ambición de los grandes. Desde la Ley 1420 de 1884, establecimos que la educación debía ser común, gratuita y obligatoria. Esa fue la base que permitió que el hijo del inmigrante y el del estanciero compartieran el mismo banco de madera y el mismo guardapolvo blanco, ese símbolo de igualdad que todavía defendemos.
Mujeres que hicieron historia en el aula
No podemos hablar de ciencia y educación hoy sin recordar a las pioneras. Argentina fue el hogar de mujeres que rompieron el molde cuando las cosas eran mucho más difíciles:
- Cecilia Grierson: La primera médica graduada en el país (1889). A pesar de las trabas de la época, su tenacidad abrió la puerta de las facultades para todas las que vinieron después.
- Juana Manso: Una mujer que, codo a codo con Sarmiento, entendió que sin educación para las mujeres no había progreso posible para la Nación.
La ciencia en el guardapolvo
Hoy, la tiza y el pizarrón conviven con la robótica y la biotecnología. En nuestras universidades nacionales, la presencia femenina en carreras científicas es un hecho, aunque todavía falte camino por recorrer en las llamadas áreas duras (ingeniería y física). Lo práctico hoy es fomentar esa curiosidad desde la primaria, para que la próxima «Dra. Grierson» esté hoy sentada en un aula de una escuela de barrio, preguntándose cómo funciona el mundo.
El dato: Según los últimos registros, en Argentina el 54% de los investigadores científicos son mujeres, superando ampliamente el promedio mundial. Un verdadero «que datazo» que nos llena de orgullo.
¿Cómo seguir?
La educación tradicional nos dio los valores: el respeto al maestro, el esfuerzo por la nota y el valor del estudio. La modernidad nos da las herramientas. El desafío es no perder lo primero mientras abrazamos lo segundo. Porque al final del día, lo que importa es que nuestros chicos (y especialmente nuestras chicas hoy) sepan que con estudio y conducta, el techo no existe.



