24 de marzo de 1976: El día que Argentina perdió la ley y la libertad

El 24 de marzo de 1976 no es una efeméride más en el calendario; es la marca del fracaso institucional y social más grande de nuestra historia contemporánea. Aquella madrugada, las Fuerzas Armadas derrocaron al gobierno constitucional de María Estela Martínez de Perón, instaurando una dictadura cívico-militar que se autodenominó «Proceso de Reorganización Nacional».

Los hechos: ¿Qué implicó el golpe?

La toma del poder no fue solo un cambio de mando gubernamental. Significó la anulación absoluta del Estado de Derecho, el marco legal y tradicional que organiza la vida de cualquier país civilizado.

  • Cierre de las instituciones: La Junta Militar disolvió el Congreso Nacional, destituyó a los miembros de la Corte Suprema de Justicia, intervino las provincias y prohibió la actividad de los partidos políticos y los sindicatos.
  • Suspensión de garantías: La Constitución Nacional quedó de lado. Los ciudadanos perdieron sus derechos más básicos, incluyendo la libertad de prensa, el derecho a un juicio justo y las garantías de defensa.
  • Terrorismo de Estado: El Estado, cuya función primordial es proteger a sus ciudadanos y administrar justicia, utilizó su aparato y el monopolio de la fuerza para perseguir, secuestrar, torturar y asesinar de manera clandestina a miles de personas. La implementación de cientos de centros clandestinos de detención en todo el país dejó la herida imborrable de los desaparecidos y la apropiación sistemática de menores.

El costo de reemplazar la ley por la violencia

La década del setenta ya venía profundamente castigada por una escalada de violencia política y el accionar armado de agrupaciones guerrilleras que alteraban la paz social. Sin embargo, la respuesta de las Fuerzas Armadas a partir del golpe operó completamente al margen de la ley. En lugar de aplicar la justicia tradicional y el peso del código penal para restablecer el orden, se optó por un sistema de represión ilegal. La historia nos demostró que el orden verdadero nunca puede sostenerse sobre la base del terror y la muerte.

La lección indispensable

El impacto de estos años oscuros dejó una marca económica y social gravísima, pero sobre todo, una lección práctica que no se puede ignorar: cuando se rompen las reglas de juego y la fuerza se impone sobre la Constitución, la que termina perdiendo es la Patria entera. Para quienes hoy tenemos la responsabilidad de sentarnos a la mesa a formar a nuestros hijos, recordar estos hechos es un deber concreto. Es la manera de asegurar que los chicos crezcan sabiendo que el respeto a la vida, a la ley y a las instituciones democráticas es el único camino posible para construir un país en serio.

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